“Soy de Tiu Punco, soy de Tiu Punco, libre y dueño. Cerca del alba alzo mi prenda y me mando a mudar.”, cantó Silvano Aguilar con su tonada pausada, afirmando identidad antes que melodía. A su lado, casi como respuesta generacional, se escuchó la copla de José Martínez: “Tengo unas penas negras y un sentimiento amarillo. Las penas se llaman greda y el sentimiento membrillo”, recitó, marcando el pulso con la caja. Los dos forman parte del séquito que escolta a la Pachamama reelecta, María Eva Pastrana, pero no ocupan el mismo lugar en el tiempo; uno tiene 82 años y el otro 58. Sin embargo, en el canto se igualan.
Ambos provienen de una zona rural cercana al bañado, a 65 km de Amaicha del Valle. Allí el paisaje no es postal turística sino territorio vivido. Campo abierto y celebraciones donde la copla no era espectáculo sino lenguaje cotidiano. Desde ese origen llegan cada año a Amaicha del Valle para cumplir un rol que consideran más compromiso que invitación.
José Martínez participa del séquito desde hace ocho años. Tiene 58 y se define, ante todo, como hombre de campo. Su vínculo con la Pachamama no nace de una designación reciente sino de una herencia familiar. “Mi abuelo me ha criado, me enseñó a trabajar y a cantar coplas durante la labor”, contó.
Aprendió las coplas de chico, en medio de faenas rurales que hoy casi no se ven. En las marcaciones de vacas, en las celebraciones posteriores a la señalada, la caja sonaba y los copleros improvisaban versos que mezclaban humor, picardía y pertenencia. “De chico ya sabía, lo aprendí escuchando a los más grandes”, afirmó. Para él, el arte no fue escuela formal ni taller cultural; fue convivencia con su abuelo y con una forma de vida.
Fidelidad al séquito
Esa herencia explica su fidelidad al séquito. Cuando se le preguntó por qué sostiene su devoción, respondió. “Me gusta el campo, y la Pachamama es quien le da vida a todo el valle”, dijo.
Sin embargo, su mirada sobre el presente es crítica. Observa que la juventud participa menos que antes. “Algunos quieren, otros no y pocos realmente saben”, señaló. Comparó el entusiasmo de otras épocas con la tibieza actual. “A la gente de antes le encantaba la copla, ahora poco y nada”, sostuvo.
Escándalo en Amaicha del Valle: denuncian que el delegado comunal intentó imponer una "Pachamama paralela"A pocos metros, Silvano Aguilar sostiene la caja con manos curtidas por ocho décadas de trabajo y festividad. Tiene 82 años y asiste a la celebración desde hace 10. A diferencia de Martínez, no detalla quién le enseñó. Su saber está allí, en la tonada y en la postura. Integra el séquito porque le asignaron ese lugar las figuras de Yastay y el Pujllay, presencias simbólicas que completan la escena ritual. “Acompañamos todos los años, ellos me encomendaron”, explicó sobre su tarea.
Escándalo en la fiesta de la Pachamama: la palabra del comisionado comunalSi Martínez pone el acento en la herencia recibida, Aguilar insiste en la transmisión futura. Cuando se le preguntó qué mensaje daría a los jóvenes, no dudó. “Les doy mi suerte, les doy mi fortuna. Que usen mi canto y lo hagan propio”, expresó, casi como bendición.
“Ya estoy por irme, pero me falta para despedirme”, resonó con doble sentido: habla del final de una jornada, pero también del paso del tiempo. Aun así, no hay retirada. Sigue presente.